lunes, 18 de mayo de 2020

Chamán.






Ayunó. 

Encendió una varita de incienso.
Cerró los ojos.
Inhaló,
exhaló
y tocó un tamborcito de sonido opaco
al ritmo de su corazón.

Tum…tum…
tum…tum.

Tum…tum…
tum…tum.


Esperó.
Abrió la puerta, 
bajo las escaleras 
y preguntó:

¿Eres simple? ¿Eres compuesto
o eres tan solo una burda y vulgar mezcla
de elementos variopintos e inconexos?

¿Eres ella? ¿Eres él?
¿Tienes número,
persona, género?

¿Eres puro? ¿Sufres metamorfosis
o te transformas en algo irreconocible
al paso del tiempo?

¿Eres ácida, alcalina?
¿Eres estructura o elemento?

¿Se te puede destilar, condensar, precipitar?
¿Te disuelves en el agua,
en la tierra, en el viento o en el fuego?

¿Tienes color, olor, sabor, sonido, textura,
o eres etérea, inasible e inconmensurable?

¿Eres el eco del mundo
o es el mundo reverberando en tí?

¿Eres narración o silencio?
¿Realidad o trance?

Dejó de preguntar y

despidió a su ego.

Tum..tum..
tum..tum..

Tum…tum…
tum…tum…

Suspiró,
y sintió paz.

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