Estaban los hermanos de mi abuelo disfrutando de una larga sobremesa, cuando un bicho salió de debajo de un plato y corrió a esconderse en el frutero.
-¿Qué fue eso? ¿Una cucaracha?
-No...un dragón. - respondió el otro cagadito de miedo.
Una a una y con cautela, los hermanos de mi abuelo sacaron las frutas del frutero. Al llegar a la ciruela, el dragón saltó y los dos gritaron ¡¡¡¡AAAAAAAHHHHHHH!!!!! Con el grito, el dragón creció del tamaño de la pera. Volvieron a gritar y el dragón creció del tamaño del frutero. Con cada grito, el dragón crecía; ahora del tamaño de la silla, de la mesa, del sillón. El dragón creció y creció y en cuanto pudo, huyó por la ventana.
¡¡¡¡AAAAAAHHHHH!!!! gritaba la gente en la calle. Con sus gritos el dragón crecía. Crecía del tamaño de un arbusto, de un tobogán, de un árbol. El
dragón no encontraba donde esconderse y con tantísimo grito, no dejaba de crecer. Ya era del tamaño de una casa, de una iglesia, de medio edificio, de un edificio. Ahora, más alto que el más alto de los rascacielos.
La ciudad había enloquecido. Todo mundo gritaba. Todo el mundo huía. El terror era absoluto. El pánico, generalizado. Nada parecía poder detener el crecimiento del dragón, ni nadie parecía estar medianamente cuerdo para salvar la situación.
Cuentan los hermanos de mi abuelo que, entre tanto caos y confusión, escucharon a una niña decirle a su hermanito: ''No le tengas miedo. Ese dragón solo asusta a los bobos. Es enorme, pero no hace ningún daño''. Los hermanos de mi abuelo, al escuchar a la niña aquella exclamaron¡¡¡¡¡OOOOOHHHHH!!!! y el dragón se hizo un poco pequeño.
Era verdad. El dragón con tanto grito no había parado de crecer, pero en su huida, nada había roto, nada había destruido, ni a nadie había lastimado. Los hermanos de mi abuelo empezaron a gritar:'¡Mirad, mirad!¡El dragón es enorme, pero no hace daño!''
Al principio, la gente, temerosa, no lo creía, pero al observar que en verdad el dragón no hacia ningún daño, sonreía y exclamaba ¡¡¡¡¡OOOOOHHHHH!!!! y según exclamaba la gente ¡¡¡¡¡OOOOOHHHHH!!!! el dragón comenzó a hacerse del tamaño de un edificio, de medio edificio, de una casa, de un árbol, de un tobogán, de un arbusto, de un banco. Con cada ¡¡¡¡¡OOOOOHHHHH!!!! el dragón se fue volviendo tan tan pequeño que desapareció de la vista de todos y al cabo de nada, todo el mundo volvió a su rutina y nadie supo más del él.
Ya nadie recuerda la historia del dragón espantabobos (la gente ciertamente tiene muy mala memoria). Lo real, lo verdadero, es que los hermanos de mi abuelo lo han vuelto a ver comiéndose las sobras de un plato o bebiendo de una copa durante alguna de sus larguísimas sobremesas.

Me gusta la manera original en que están hechos los dibujos; además expresan alegría. Desprenden viveza y energía. Me encantan.
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