Emergido desde las tinieblas de sus elucubraciones
hablaba a la gente un iluminado
en la plaza de un pueblo, en día de mercado.
‘‘Dios padre no es un objeto físico.
No se le encuentra en la naturaleza.
No tiene ángulo dimensional, color, forma ni tiempo.
Tampoco tiene longitud, área, volumen o peso.
No tiene principio ni fin,
pero es el origen de todo lo concebido en el universo…’’
(Algunas risas y murmuraciones)
‘‘…la existencia de Dios padre es indemostrable
y la ciencia solo lo acepta
como un ente en nuestra imaginación,
nunca fuera de ella…’’
(Menos risas, más murmuraciones)
‘‘…a Dios padre se le puede ubicar
con números y matemáticas
en el paraíso de los planos cartesianos.
Su mantra (0,0) solamente describe su posición en el espacio,
pero lo deja incontestado, pues no define ni su esencia ni su ser…’’
(Expresiones de asombro y condena)
¡Escuchadme, hijos del cosmos, escuchadme, hijos del universo!
¡Yo os digo que Dios padre…!
¡No es nada menos que el punto!
(Desmayos de beatas, insultos de ciudadanos, sarcasmos de gentilhombres)
‘‘¡La existencia de toda la corte celestial
que puebla el paraíso de los planos cartesianos
sean:
la línea, la semirrecta, la curva,
el plano, el triángulo, el cuadrilátero, la elipse,
la circunferencia, la parábola, la hipérbola,
el cilindro, el cono, la esfera,
e incluso, el policoro y el politopo,
depende íntegramente de aceptar,
con fe,
la existencia de las infinitas sucesiones de líneas
convertidas en planos y volúmenes y originadas desde el Dios padre, el punto!
(Clama frenético el iluminado entre silbidos y denostaciones)
¿Debemos aceptar, sin chistar,
a un ente axiomático e indemostrable
totalmente inexistente fuera de nuestra cabeza
como nuestro Dios padre?
(Turbamulta iracunda arroja lechugas y tomates)
¡Números y modelos
invocados por científicos,
ingenieros y matemáticos,
sentados a su derecha
en el paraíso cartesiano,
no son nada menos que
una plegaria, un rezo, una oración
a ese Dios padre, el Dios punto!
(Escupitajos y bofetones. A pesar de las agresiones, continúa predicando)
¡Una invocación al punto
con toda la fe puesta en ello,
os construirá estadios, os edificará iglesias,
os cambiará milagros por quimeras!
(Gritos de pavor solicitando la presencia de la policía. El iluminado pierde varios dientes)
¡Un punto os dará infinidad de placeres innecesarios e inimaginables,
os redefinirá el cosmos, os hará artificiales y artificiosos,
os sustituirá alimentos procesados por los de la naturaleza
y será al final, dueño absoluto de vuestras consciencias!
(La policía lo salva del linchamiento, después de arrearle sendos garrotazos
en extremidades y cabeza)
¡Liberaos del punto, hijos del universo, liberaos del punto!
¡El punto es y será vuestra condena!
Con chichones y moratones,
el dedo señalando al cielo
y la mirada perdida en su mente,
continúa profetizando el iluminado
mientras lo arrastran al manicomio,
no por su locura, sino por sus blasfemias.

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